Algunos tienen una relación con sus creencias como si fuese una relación de pareja poco sana. Se aferran a ellas por miedo a que los abandonen, hasta que se hartan, y los abandonan. Quizá sea mejor esa típica figura de darle libertad, de irse si quiere, y si se queda, mientras se quede, esta realmente contigo, y hay mas probabilidades que no se sienta atosigada - así, con las creencias, al ponerlas en duda, se podrían ir, o más bien, es uno el que las podría dejar, pero si te convences de ellas (lo cual en realidad suele suceder a menos que uno sea algo esquizofrénico), si están contigo, es más, en este caso, sí son tuyas - y encima, las elaboras un poco mas, las interrelaciones, qué se yo. Igual con los valores: ponlos en duda, relativízalos, y si los escoges, estarás realmente seguro que fue tu elección, son tuyos, y no impuestos desde afuera, porque el mundo así es, etc. En eso, pienso, fue a menudo malinterpretado Don Nietzsche - questionar y ser crítico no es renunciar, sino afirmar como propio lo resultante. Bueno, el se buscó ser malinterpretado para ahuyentar a los flojos en pensamiento, pero eso es otro tema.
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