viernes, 11 de noviembre de 2011

La representación imposible … e ineludible

La representación imposible
… e ineludible



La idea de este ensayo es afirmar que el evitar la representación es una quimera - que no es posible no representar. No solo sobre tablas o en el contexto de alguna acción escénica, sino inclusive en nuestra vida cotidiana no tenemos opción de escapar a la representación.

Las razones son dos, y son contundentes:
a) necesitamos la representación.
b) somos representación - y nada más.



a) Necesidad: necesitamos la representación.

¿Porqué decimos que la representación nos es necesaria? El ser humano es un ser social. Para comunicarse necesita definirse, decir “hola, este soy yo, ¿y tu quién eres?”. “Este soy yo” implica “así soy yo”. Tenemos que establecer una forma de presentarnos para sentar una base mínima de comunicación y relación.
Bueno, si aceptamos que la presentación es una necesidad básica, igual se podría refutar que una presentación no es una representación. No, sería la respuesta, no es lo mismo, pero es igual, pues toda presentación pública es una representación. ¿Porqué el “re-”? Por la misma razón que digo que recreo mi identidad y reafirmo mi individualidad ante el otro – ya que el otro son muchos no me voy a crear, reinventar cada vez de nuevo. Vuelvo a presentar repetidamente ante otros y ante mi mismo esa imagen que yo tengo de mí, y/o la que quiero que otros tengan de mi. La autorepresentación en tanto la autoescenificación nos es intrínseca como seres sociales.

Esta nuestra puesta en escena está sumamente codificada. Veamos un par de ejemplos de con qué construimos el tipo de persona que queremos ser:
- Vestimenta: ¿Qué nos ponemos cuando queremos ser formales? ¿Queremos ser espontáneos? ¿Queremos demostrar carácter propio? ¿Queremos mantener el perfil bajo y no llamar la atención? ¿Luchamos contra la sociedad o contra el espejo?
- El tono de voz: ¿Queremos transmitir autoconfianza, o apelar a instintos de protección?
- Nuestra sonrisa, ¿quiere sentar distancia o pretende ser abierta?
- Fumar: parte de la droga de un cigarrillo es el imaginario que conlleva, no deja de tener el sabor al personaje cool de tanta película de acción (fumador social), o al melancólico del cinema noir (fumador solitario).

Nuestra tarjeta de presentación es nuestro vestir, nuestro hablar, nuestra gestualidad, los pósters o cuadros que colgamos y los libros en nuestros anaqueles, hasta nuestro esquema corporal. Claro que no hablamos aquí solamente del ámbito consciente e individual. Este proceso se da en su mayor parte a nivel inconsciente, y se da también a nivel de grupos sociales.

Se dice que somos una cultura de la autoescenificación. Si, también hay un factor histórico en el auge de la autorepresentación. Vivimos una época en la que el individualismo es la base de la dinámica social. El individuo ya no se halla dentro de un grupo que se ocupe de representarlo. Cada quién se escenifica por su cuenta, se autoescenifica en blogs, en juegos de roles, sobre algún estrado, en una performance. La vida cotidiana es una performance de autorepresentación. Hasta la cotidianeidad es representada, ¿porqué sino el éxito de tantos programas que escenifican la autenticidad, como Big Brother, Reality Shows y demás contrasentidos en el mero nombre? Quizá la única manera de presentarnos la realidad y la verdad es a través de su representación.

Quizá ni siquiera eso. También vivimos una época mediática. No importa que sucede, sino cómo llega a nosotros. Así que quizá no baste decir que la representación es el único medio de acceder a la realidad: el significado de la realidad es constituido en el momento de su escenificación. Sólo la representación es real.

Miren hasta donde llegamos. La representación como lo único real. ¿Podríamos afirmar algo mas descorazonador? Pues sí, podemos, ahí va:



b) Esencia: No somos más que representación

Si aceptamos que nosotros mismos somos los autores de nuestra identidad, que desde la infancia pasando por la juventud hasta el fin de nuestros días estamos en un constante proceso de constituirnos, surge la pregunta ¿De donde sacamos los elementos con los cuales nos construimos? ¿Cuáles son las fuentes de ese yo que deviene?
¿Pues de donde podrían venir? Sólo de afuera. Igual que tomamos de nuestro lenguaje las palabras para describirnos, tomamos de nuestro contexto las ideas para definirnos. Sea por nuestros padres, por el colegio, por los medios, por el imaginario social o por algún ente creador, los ladrillos con los cuales nos construimos nos son dados, o los tomamos, de una cantera ajena.

Digamos que hay una excepción a esto, que alguien logra una originalidad totalmente independiente. Que no repite o varia una imagen o idea heredada, sino que realmente, sea por inspiración divina o random neuronal, llega a crear una idea totalmente nueva. Y la pretende integrar en su personalidad. Pero - ¿de qué le sirve? No la va a poder comunicar, ni usar en su intercambio con otros.

Pues, como decíamos más arriba, el ser humano vive en sociedad. Para sobrevivir en ella tiene que poder comunicar sus necesidades. Para ello usa palabras, usa conceptos, usa gestos. Pero estos solo son entendibles si son reconocibles. Y solo lo común, lo compartido es reconocible por los otros. En otra palabras, lo 100% original y privado es inútil, queda aislado y se muere por aburrimiento.

Además, para poder comunicar sus necesidades no solo tiene que definirlas con medios compartidos, antes que nada tiene que reconocerlas. Para ello, el ser humano se convierte a sí mismo en un objeto a analizar, en un objeto a definir. ¿Y con qué se define a sí mismo? Pues con los términos que ha aprendido,  ¿acaso tiene otros? Con lo que llegamos a la conclusión que nuestra definición de nosotros mismos esta basada sobre nombres e ideas aprendidos, tomados de afuera, que nos son externos. A fin de cuentas nos formamos a imagen y semejanza de lo ajeno.

¿Cómo entonces no ser imagen? ¿Cómo entonces no representar imágenes, si no hay un yo independiente de ellas? Hay un cuerpo, sí, independiente de todas estas elucubraciones (bueno, digamos probablemente, si es que no somos un cerebro en una batea que sueña este texto), pero en el mundo que son nuestra consciencia y nuestro subconsciente, no es posible un yo primigenio, original, único, independiente e irrepetible.

Nuestra esencia es representación - así que olvidémonos de pretender no representar. Somos meras fotocopias. Digamos, somos un collage de fotocopias, y toda nuestra originalidad radica en la combinación propia.


¿Es esta idea deprimente? Si sí, volteemos la sartén. 
- Referente a punto uno: ver en todo acto humano una autoescenificación ¿no es acaso una sobreinterpretación? Es sobre todo en los 90s que las ciencias sociales y culturales aplican la metáfora teatral de la escenificación en su análisis de dinámicas de socialización, de comunicación no verbal y de discursos en general. Sin embargo, ver en esto una receta o un filtro para todo nos hace pensar en otros entusiasmos dignos de mejor causa. Como pE en el entusiasmo freudiano de ver símbolos sexuales por todos lados, y adjudicar el simbolismo fálico a todo objeto alargado, sin considerar pE que sostener un lapicero tubular es más fácil para la mano que sostener uno triangular (que además simbolizaría el sexo femenino...).
- Referente a punto dos: si sólo tenemos elementos foráneos para constituir nuestra consciencia y autoconciencia, entonces no puedo darme cuenta de que son foráneos, pues ya que no tengo nada con que comparar. Así que este representar imágenes sería un acto inconsciente. Que algo sea inconsciente significa que no nos damos cuenta, y por lo tanto el “actuar imágenes” no carece de espontaneidad y todo el rollo pierde sentido.

¿O quizás no?
Andres Leon-Geyer


El ensayo nació al oír -como tantas veces- la instrucción de ser "original", de no "representar" sino "ser", dirigida a un actor de performance.
 El primer punto se basa en el acercamiento de ciencias sociales y de cultura mencionado. Una historia más amplia de las variaciones del concepto de escenificación y autoescenificación nos da Erika Fischer-Lichte en “Teatro en la transformación cultural del siglo XVIII. Escenificación y percepción de cuerpo-música-lenguaje”. (Theater im Kulturwandel des 18. Jahrhunderts. Inszenierung und Wahrnehnung von Körper -Musik -Sprache), editado E. Fischer-Lichte, Göttingen: J. Schönert, 1999). (http://www.hausarbeiten.de/faecher/vorschau/112698.html).
El segundo punto se basa en las ideas de Friedrich Nietzsche acerca de la constitución del conocimiento y de la conciencia, vertidas sobre todo en “Sobre verdad y mentira en el sentido extramoral”, “La gaya ciencia ”y “Mas allá del bien y del mal” (Nietzsche. Werke. Kritische Gesamtausgabe, publicada por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, Berlin: Walter de Gruyter 1967 ff. (KGW): III/2 pags. 367-384, V/2 pags. 13-335 y VI/2 pags. 3-255). Texto secundario recomendable es “La teoría de la consciencia de Nietzsche” (Nietzsches Theorie des Bewußtseins) Erwin Schlimgen, Berlin: Walter de Gruyter, 1999.

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