jueves, 6 de septiembre de 2012

Cuestionar las preguntas.


¿Para qué? Para entenderlas. No para responderlas
Si vamos a poner la mano mil veces nuevamente en el fuego (como probablemente único animal que se quema más de una vez en la misma brasa),  mejor es que lo hagamos cada vez en plena consciencia del porqué. Si no, las cosas, y nuestros actos, meramente nos suceden - y no los degustamos tanto.

¿De qué estoy hablando? Del enmarcarme, de hallar mis marcos. Del contexto que me abarca.
Tengo mis valores y creencias, mis intenciones, mis direcciones, mis gustos y preferencias, mis conocimientos. De dónde vienen? Si lo averiguo, o mejor dicho lo atisbo, me puedo entender y comprender mejor. Y encontrar maneras más fluidas de comunicar con los otros. 

Es obvio que mis conocimientos en gran parte tienen una historia anterior a mí. Pero lo mismo vale para mis gustos, de mis valores ni hablar. Una historia anterior, pero también, y aquí está lo interesante, paralela: en mis coetáneos. 

Así que preguntémonos de donde vienen mis gustos, más allá de mis experiencias concretas personales. Qué denominador común hay, si observo los gustos de los otros? Y - acá es cuando comenzamos a vernos desde afuera, del límite hacia dentro - : cuáles pueden ser sus causas? Cómo soy hijo de mi época? 

La estrategia no es remontar a qué me influyó, pues la perspectiva no es desde mi hacia lo que viene a influirme. Es en una egocentrismo de poca productividad en este momento (tampoco es útil pretender estar fuera o contracorriente a mi tiempo, a menos que el dar la contra sea estudiado como otra característica típica del contexto). La perspectiva adecuada para esto es ir hacia los otros, observar que nos influyó en conjunto (claro, cada uno a su manera, pero detectar lo común), y desde ahí, observar de dónde vino, cómo surge. En otras palabras: es ir a buscar, y darle la mano, al espíritu del tiempo. Desde ahí podré entender mejor qué temáticas me ocupan y preocupan, qué estilos me tiñen y porqué, el cómo surge mi lenguaje (combinación totalmente original por el qué y cómo combino), a qué me adscribo y de qué distancio, pero sobre todo los porqués. Es un paso más en el explorar cómo funciono - y su fascinación. 

El punto del marco, repito y concluyo, no es conocer mis preguntas, sino porqué me las hago, como herramienta para afirmar mi identidad en plena consciencia, cual hijo de mi tiempo: viejo y nuevo.



(Esbozo de herramienta para hallar y contextualizar temáticas y estrategias del propio proyecto artístico, o simplemente del “proyecto yo”. Para mi trabajo de “concept coaching” en una escuela de artes)

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